martes, 2 de febrero de 2021
¿Qué hacer ante un corazón roto?
Confinamiento
Los días se hacían largos en aquella cuarentena sin fin. Todos los días misma rutina: levantarse, aseo, desayuno, las tareas de la casa, comida,... ¡ayyy, todo igual!
Pero algo cambió, él empezó a fijarse en mí. Me empezó a mirar desde su rincón, lo veía y me sonrojaba. Le preguntaba por qué me miraba así. Su contestación: una sonrisa.
Me fue dejando pétalos de rosa en los rincones de la casa, para que los siguiera. Me llevaban a él, donde era recibida con un tierno beso.
Otro día, se levantó antes de que yo despertara, me llevó el desayuno a la cama. ¡Qué rico, un chocolate! Me agarré a su cuello y lo besé.
Me venía a buscar a la cocina, me agarraba de la cintura, besaba mi nuca y me decía: ¡vamos a bailar! Y la cocina se convirtió en un gran salón de baile.
Las noches se nos hicieron eternas. Recuperamos la pasión. Llegó a rincones insospechados, me provocó tantos placeres que tenía dormidos.
Este confinamiento me ha devuelto al ser que tanto he amado, pero con más ternura y amor. Recuperé a mi marido, dimos vida de nuevo a este matrimonio.
Y para sorpresa nuestra,queremos seguir en nuestro confinamiento para disfrutar de nuestro despertar.
Dice un refrán que no hay mal que por bien no venga, y que razón tiene.
Amo a este hombre más que nunca. No quiero que esto acabe.
lunes, 1 de febrero de 2021
Desangrando el dolor
Llevo tanto tiempo sufriendo, que mi cuerpo se ha ido llenando de veneno. Ha estado circulando por mis venas sin que nada lo frene. Contaminando hasta el punto de que me estaba ahogando, robándome la vida poco a poco.
Las noches se hacen interminables, con ese dolor que ha robado mi paz, y por el día, intento ocultar las huellas que arrastra mi cuerpo sin descanso.
Esta rara enfermedad que ha envenenado mi sangre, que me provoca llantos incontrolados, la falta de aire en mis pulmones y esa sensación de opresión en mi pecho.
He abierto una herida en mi brazo para que toda esa ponzoña salga y vuelva a recuperar a mi antigua yo. Mana de mi brazo, que recojo en mis manos para decirle mi último adiós.
Una despedida y una cura. Ese calor que baja por mi brazo que me llenó de amor en su momento, y ahora, recorría helando mi ser. Corre, dejándome libre de esta pena, aunque siempre estará en mi corazón.
Autora: Olga González Sobrín
miércoles, 27 de enero de 2021
Deseando tu llegada
Te espero en nuestra noche soñada. He llenado nuestro rincón de luces convirtiéndolo en un cielo estrellado. Un deseo en cada una de ellas para que nunca te falte esa ilusión cuando lo mires.
Sentado, impaciente de tu llegada, miro desde el fondo del callejón. Ayer, eras tú la que esperabas tras la ventana. Hoy, soy yo quién mira el reloj. Te entiendo cuando dices que la arena del tiempo no corre, que los minuteros no se mueven, ahora, sufro yo esta agonía.
No dejo de buscar tu entrada, de verte llegar con tu sonrisa, esa que llevo grabada en mi mirada. Tu caminar firme viniendo hacia mí, con el deseo de llegar a mis brazos, de poder recibirte entre ellos, mientras beso tus dulces labios.
Sueño despierto, con la alegría de tenerte a mi lado, de volver a respirar tu perfume y escuchar tu voz de nuevo.
Recordando nuestro ayer, donde nuestros cuerpos se unieron, sintiendo la calidez de tu piel. Hice una mapa siguiendo cada pliegue. Mis manos, mis besos, te hicieron un traje de saliva que embellecieron cada poro,haciéndote más mujer.
Respondiendo a cada estímulo, acogiéndome más dentro de ti. Me perdí en tu paraíso, enloqueciendo por momentos, comprobando que tú eras para mí.
Me enciendo como nunca antes lo hacía, me lleno de deseo con tu solo pensamiento. Mi corazón ha partido en tu búsqueda gritando lo mucho que te amo.
El tiempo me inquieta, ansío tu llegada para calmar mi anhelo y volver a decirte lo mucho que te quiero.
Autora: Olga González Sobrín
martes, 26 de enero de 2021
Implorando al cielo
Hace tiempo que venía perdida, sin comprender lo que la vida le hacía. La llevaban de un lado a otro a su antojo. Ella nunca sabía decir que no.
Su Luz se iba apagando, perdiendo el brillo en su mirada. Lloraba a escondidas y ante el mundo se mostraba valiente. Notaba el frío de los días en su corazón como puñales de hielo. Los rayos del Sol no la calentaban como antaño. Y su cuerpo envejecía como si los días fueran años.
Nadie sabía lo que en su interior pasaba, esa lucha que tanto la atormentaba. Sentía injusticia, enfado pero no dejaba de sonreír porque tenía miedo a perder la batalla.
Al cielo estrellado imploraba un milagro, un guiño que le indicara su camino a seguir. Un grito de auxilio en la distancia.
Quizás alguien la oyó, porque ella cambió. Cogía las riendas de su vida y aprendió a decir NO.
Comenzaba su pelea con el mundo marcando con su huella. Los puñales se derretían, las heridas cicatrizaban y cada vez con más fuerza volvía a ser ella misma.
En las noches miraba al cielo, esperaba a su estrella en el firmamento a que se vislumbrara para dar sosiego a su alma. Porque sólo ella calmaba el dolor que la atenazaba y los miedos espantaba. Fue aquella que respondió a su llamada para ayudarla. Ella la venera en las noches, agradecida de por vida.
Autora: Olga González Sobrín
Confía en mí
No te dejaré caer porque mis manos te sujetarán, mis labios se sellarán a los tuyos como la dulce miel que son.
Puedes echarte hacia atrás sin mirar, porque mis brazos estarán para sujetarte.
Puedes cerrar los ojos y dejarte guiar por mí, porque por los senderos más hermosos te llevaré.
Confía en mis manos, que ellas estarán ahí cuando tú falles.
Y ahora, confía en mí, porque jamás me apartaré de tu lado, seré tu sombra cubriendo tu espalda, seré ese latido que te falta, más tendrás las caricias y besos que necesita tu piel.
Solo confía en mí, sola no te dejaré.
Autora: Olga González Sobrín
Unión del Destino
El Destino une personas de una manera extraña, sin razón alguna.
No entiendo como lo hace, pero por tu vida pasan infinidad de personajes, que cumplen diferentes roles en cada momento. Crees conocer al otro, pero el destino es caprichoso.
Te enamoras sin saber cómo. Cosas tan simples del día como un saludo, empieza a abrir la puerta a una amistad, que con el tiempo se afianza. Empiezas a sentir cosas nuevas, que creías olvidadas pero estaban ahí, solo que no supieron buscarlas.
Comprendes por qué no funcionaba ninguna relación, me engañaba pensando que aquello era amor, que era la manera de demostrártelo. Un autoengaño que minaba mi interior, hiriendo mi alma de gravedad.
Falsas promesas, falsos amores, falsos sentimientos, falsas palabras. Todo era falso para sacarte lo que ellos deseaban.
Mi corazón lloraba en silencio, no dejaban de herirlo.
Pienso en lo que hice, en lo que rogué y mendigué. Amor, solo eso pedía. No puedo volver atrás para arreglar todas esas heridas pero decidí seguir adelante, con el dolor en mi alma.
El Destino es curioso, siempre estaba ahí y no lo veía. Dulzura personalizada, ojos melosos, labios hermosos que me llenaban de palabras, de besos en mi rostro y secaban mis lágrimas.
Qué caprichoso el Destino, te ha dejado en mi camino cuando no tenía esperanzas.
Por fin, sé que es ser amada.
Autora: Olga González Sobrín
Cupido
Hoy Cupido llegó hasta a mí. Quiere dispararme con su flecha y yo le ruego llorando que por favor, no.
Mi corazón ha sido herido tantas veces, tantas puñaladas, que no puedo conseguir unirlo otra vez.
Lloro implorando piedad, no puedo volver a amar.
Mi corazón lo entregué, con los ojos cerrados, pequeño él pero tan inmenso en su sentir.
No ves Cupido, como lloro, no ves, que no quiero amar.
No has acertado ninguna vez, fue un simple reflejo de lo que podía ser, pero ¿cuánto duró? Dos suspiros.
Amé con tanta intensidad que mi voluntad yo perdí, terminé siendo marioneta, y lo peor, dejé de ser mujer.
No, no, Cupido, no me vengas con tus flechas, que en ti ya no confío.
Has sido cruel conmigo, y te odio, no te puedes imaginar.
No vengas con esa cara angelical, con tus alas me quieres rozar y me niego.
No vuelvas a hacerme daño.
¿Por qué me dices esto, qué son esos susurros, que me quieres decir? No te oigo, habla más alto.
No vueles hacia mí, te tengo miedo, no me toques, estoy temblando.
¿Qué es este calor que siento, qué me estás haciendo? ¡No, para!
¿Por qué lloro ahora?, no lo entiendo, noto mi corazón palpitar, ¿por qué?
¿Qué haces Cupido conmigo? ¿Por qué mi odio está desapareciendo?
Cupido, ¿qué has hecho? No quería volver a amar.
Autora: Olga González Sobrín
jueves, 21 de enero de 2021
En la niebla
Camino por sendas de tinieblas, huida del infortunio. Me persiguen los recuerdos, las traiciones, el dolor y penetran en mis huesos, tiemblo como si una presencia malévola me vigilará en la espesura.
Mis pisadas se oyen devueltas por un eco en la lejanía. Miro en todas las direcciones buscando una salida. Voy a la izquierda y me encuentro un muro. Giro a la derecha y un río. Sigo de frente, un barranco que me impide seguir. Miro atrás y me niego a retroceder, no quiero volver al lugar que escapé.
Doy vueltas, el frío me está dejando helada, me froto dándome calor, salto, brinco, grito, chillo,... Nadie responde.
Pero no me rindo, jamás. En mis brincos he visto algo, un centelleo, algo que me ha llamado la atención. Mi corazón late esperanzado.
Esta manía de mirar abajo, a los lados, al frente, pero no arriba. Sí, arriba. Porque ya no soy la de antes, sí, estoy sola, pero mi cabeza levantaré altamente y con esta decisión, es como he hallado la salida.
Ahí, arriba, ahí está mi puente de salida, mi luz, mi esperanza. Y orgullosa de quién soy, me encamino colina arriba, trepo por los hierros de un puente que antes no veía. Me cuelgo de sus barrotes, tengo miedo a las alturas, no quiero mirar abajo, solo arriba. Adelantando una mano tras otra, he subido.
Ahora sí, izquierda, derecha, ambas tienen futuro, orgullosa de mis logros, levanto mi cabeza y camino, no te digo por donde, solo te digo que voy por el camino que marca mi corazón.
Autora: Olga González Sobrín
Buscándole en la noche
Recorrió los senderos del amor, siguiendo tras sus pasos. Las huellas desaparecían, la noche las borraba, su corazón se encerraba en un puño. Él se había ido y sola la dejó.
La noche se hacía fría, el viento helado la recorría.
Ella a la noche gritaba: "¿Dónde estás amor mío? Me has dejado sola."
El viento llevó su grito hasta oídos de él. Se giró, regresando tras sus pasos. Pero tarde llegó, la noche se la había llevado.
Y en la oscuridad, él gritó su nombre, pero ella no respondió.
Autora: Olga González Sobrín









