jueves, 21 de enero de 2021

La guerrera

Qué esconde esa guerrera que tanto quiere ocultar.

A qué teme tanto para que lleve un disfraz.

La veo caminar altiva, con fuerza, y a su vez, tan femenina.

Lleva una máscara tras la cual oculta su rostro, amplio vestido tapando su esbelto cuerpo. No entiendo su proceder.

No se acobarda ante nadie y a todos hace frente. Ella es una guerrera oculta tras un velo, no quiere darse a conocer.

Pero hay un lugar donde ella arranca su disfraz, y aparece una hermosa mujer, dulce en sus gestos mas una mirada triste la acompaña.

Fuerte ella, siempre valerosa, coraje infinito. Debajo de aquello se encuentra una sensibilidad tan extrema que su corazón sufre lleno de pena.

Nadie la conoce, excepto aquel a quien ama, solamente él sabe como sanarla. Sus caricias calman su alma, sus besos la llenan de calor y sus abrazos la envuelven en paz.

Ella llega y arranca su capa, esperando su llegada para que vuelva a darle su soplo de vida.

Autora: Olga González Sobrín



jueves, 14 de enero de 2021

La espera

 Nerviosa esperaba sentada dentro del taxi, esperando la llegada de aquel que había conocido. Miedos a que no llegara a la cita, no cesaba en su cruce de piernas.

El taxista la observaba y la tranquilizaba diciéndole que loco sería si no se presentaba.

Ella le devolvía una sonrisa y observaba por la ventanilla, el ir y venir de la gente, esperando su llegada. Inquieta miraba las agujas del reloj que se sucedían unas a otras, temiendo un final que no le gustaba.

Nunca imaginó que un hombre la hiciera sentirse tan perdida y confusa, pero lo que sabía era que estaba enamorada.

Su corazón sentía la presión del momento, como si una mano lo fuera apretando cada vez con más fuerza. Sintiendo una punzada ante el dolor que se avecinaba.

Sus lágrimas querían asomar a sus ojos, cuando echó una última ojeada y de pronto, una maravillosa sonrisa brilló en su cara, cuando la puerta del taxi se abrió y él la saludaba.

Autora: Olga González Sobrín



Estallido en la noche

 Estalló en la noche expulsando todos sus males. Penas, odios, rencores, envidias, celos,... Todos aquellos males que la sociedad tiene.

Arrodillada, gritaba y lloraba lo que por dentro la mataba.

Rezaba pidiendo ayuda sin soltar su cruz, una que arrastraba desde hacía una eternidad.

Cada grito, una maldad salía.

Y a su alma, ganaba aquella paz que tanto necesitaba.

Cuando aquella explosión acabó, ella se transformó en una bella persona, su corazón se llenó de bondad y la luz cubrió su persona.

Autora: Olga González Sobrín



Mi rosa

Eres mi rosa tan hermosa que mi corazón cautivó. Tu fragancia la llevo permanente, tu belleza en mis ojos, tu cuerpo: mi trono.

Pero esas espinas que se clavan cuando no llego a ti, cuando quiero tocarte y no puedo, cuando deseo tus besos y estás tan lejos.

Cada una de ellas, me recuerdan cosas pasadas, que me llenan de miedos y temores, quizá, sufrir de nuevo una tempestad.

Cierro los ojos y percibo tu aura, y sé que no es falsa, que no engaña. Me cautivas, me provoca, me llenas aquellos huecos que estaban vacíos.

Te recojo con delicadeza, te acaricio y te traigo a mi corazón que es donde perteneces. Ya no hay pinchos, ya no hay heridas, solo tú, mi belleza.

Autora: Olga González Sobrín



Nevó en París

Hoy he soñado que había nevado, todo estaba blanco, en silencio. El tiempo se había detenido.

No se oía el trinar de los pájaros, ni el griterío de la calle, absolutamente nada.

Pero sentía una respiración a mi lado, un cuerpo abrazado al mío, y recordé todo de golpe.

Ayer, me reuní con él. Llevábamos alargando mucho la cita, quizás era timidez o miedo a no ser correspondido, o pensar que era lo suficientemente para él. El tiempo pasaba entre nuestros dedos sin poder detener ni un grano de aquella arena.

Y no podía evitar que nuestras manos cada vez se acercarán más, hasta tocarse. No había marcha atrás.

Salimos al encuentro del otro, por fin, nos había llegado el día. Lo vi en la distancia, mi rostro se llenó de rubor, mi corazón latía emocionado y mi cuerpo perdió su dominio, caminé hacia él apresurando mi paso. Me vio llegar abriendo sus brazos para recibirme, en los cuales me deslicé, abrazándome yo a él. Nuestros labios se depositaron en un largo beso que mi cuerpo hizo temblar. Me abrace más fuerte, hasta sentir su corazón acelerado. Nuestros labios se separaron y le miré a sus ojos, emocionada, feliz, mis lágrimas caían, mis nervios me habían traicionado. Me meció como una niña siendo yo mujer, su olor penetraba por mi nariz, absorbiendo su colonia, guardando el momento en mi memoria. Levanté mi rostro y busqué sus labios de nuevo, esta vez con más intensidad, despertando fuerzas que permanecían apagadas.

Nos fuimos de la mano, otras abrazados, los besos se cruzaban hasta llegar a este cuarto donde el tiempo se ha parado.

Al pasar la puerta, ya no hubo freno, nuestras ropas cayeron, desnudos, acariciándonos, besando cada por de nuestra piel, como una dulce miel absorbida al paso de nuestros labios.

Nuestros cuerpos desprendían calor, y como el magma que todo lo funde, terminamos siendo uno, rodando por la habitación, revolviendolo todo. Suspiros y gemidos llenaba los silencios, risas nerviosas que soltaban gritos guturales.

La noche avanzaba, y allí seguíamos, amándonos como nunca nos amaron. Sin pudores, sin secretos, solos él y yo.

Hasta que agotados nos rendimos al sueño, y ahora aquí despierta, lo miro y remiro enamorada, feliz. Los relojes se han parado.

Me acerco a él, le susurro y sale de su letargo, sonrío y todo empieza de nuevo.

Autora: Olga González Sobrín




Mensaje en la botella

Al mar lanzo un mensaje en una botella. Lleva mis palabras más desgarradas que han roto mi paz.

Lleva escrito un mensaje para aquel que me enamoró, que llenó de calidez mi alma y me reconfortó con su amor.

Me dijo que siempre estaría para mí, cuidándome cada día, tejiendo a mi alrededor para estar protegida.

Sus palabras me enamoraron, me llenaron de ilusión, una nueva ilusión en que creer. Sus susurros en la noche, sus caricias bajo las sábanas, risas y juegos que llegaban al amanecer. Los días pasaban, las noches eran poesías, todo dio a semanas que nos hicieron sentir una misma persona.

Mis ojos se perdían en tí, mis labios te buscaban, mis manos te acariciaban, nuestros cuerpos se unían...Hasta que desgarraste mi corazón, lo hiciste añicos. Jamás lo creí de ti.

Un cobarde huidizo, un cobarde sin perdón, un cobarde sin nombre y sin corazón.

Te he escrito un mensaje, no sé si te llegará. Desapareciste sin decirme adiós y lo peor, sin una explicación.

Quiero que las olas te lo lleven, lo depositen a la orilla de tu corazón y sientas en tu piel, todo lo que has roto, y si un día dejas la cobardía aparte, responde con otro mensaje, lánzalo al mar, sabrá hacérmelo llegar.

El mar cubrirá las huellas que nos unieron una vez.

El vaivén de sus olas me mecerán en mi tristeza.

Y en las noches estrelladas me volverán a llenar de sueños.

Autora: Olga González Sobrín




domingo, 13 de diciembre de 2020

Por ti

Y dejaré todo por ti, recorreré los caminos más peligrosos, subiré montañas, cruzaré ríos, pero si realmente me amas, no lo dudes y dímelo.

No habrá nadie que me detenga, nadie que pueda apartarme de ti, porque con la fuerza de que dispongo, arrasaré con todo lo que me impida llegar a tu lado.

No soy princesa, soy guerrera, no soy doctora pero curaré tus males, no soy psicóloga pero escucharé cada palabra con detalle, no soy adinerada pero conmigo vivirás las mayores aventuras y sueños, porque no es necesario un gran bolsillo para darte la felicidad.

Sólo dímelo y me tendrás a tu lado, tendrás a tus pies el reino de los cielos.

Autora: Olga González Sobrín


No estoy sola

 Me sentí caer muchas veces y de todas ellas salí.

Me dolía el corazón porque en mil añicos se había quebrado.

Me moría sin saberlo encerrada en una habitación.

Mi cabeza no dejaba de pensar en las noches tan largas que ni me dejaba descansar.

No quería parar, no me podía detener, mis piernas seguían avanzando, día y noche, como mis pensamientos.

Las lágrimas corrieron por mis mejillas muchas veces, de impotencia y rabia.

Sola, sin miedo, haciendo frente a lo que tanto daño me hacía. Seguí, luché con fuerza.

Pero no estaba sola, esta vez no, una mano se extendió para agarrar la mía, una mano cálida y llena de ternura.

Levanté la vista, y abrí los ojos, allí estaba para llevarme agarrada a una senda segura. Sorprendida, porque siempre fui yo sola.

Me abría un nuevo campo de visión, un respaldo y su calor.

Apreté su mano con fuerza, mirando sus ojos, supe por primera vez que no estaría sola.


Autora: Olga González Sobrín


Nunca más

Se acabó el esconderse de la gente, se acabó el ocultar lo que siento, porque nunca hice nada malo.

Grito al mundo envidioso mi momento, que nadie me robará de tus abrazos, de tus besos o de tu querer.

Me abrazaré a tu cuello para robar tus besos sabor a miel y me endulzaré con tu mirada iluminando mi ser. Me acurrucaré a tu lado, sin importar quién mire, porque de ti me he enamorado.

Caminaré orgullosa de tu mano, pendiente de tus pasos, de tus guiños compinches de nuestro amor. Los días se harán cortos, las noches las haremos eternas, no habrá fuego que compita con nosotros, ni lluvia que nos apague. Nuestros corazones vibran juntos en una misma melodía, las letras: notas sobre nuestra piel, la música: nuestros latidos.

Del dolor: una ilusión, de un sueño: un amor. Y aquí estoy ahora gritando el amor que siento por vos.

Autora: Olga González Sobrín


Ayer soñé

Ayer me fui a soñar para encontrarte en mis sueños como cada noche. Las luces se apagaron, la música sonaba, y en la penumbra se abría la puerta. Silencioso llegabas, acercándote a mi cama. Te deslizabas entre mis sábanas, agarrándote a mi cintura, mientras me besabas en el cuello.

Sonriendo a tu contacto, me giraba encontrándome con tu dulce mirada, esa que siempre me dice que me amas. Mi mano acariciaba tus mejillas, mis labios a tu boca besaban, los cuerpos se fusionaban en uno solo.

Todas las noches el mismo sueño, y al despertar me siento perdida, desaparezco como las aves de la noche y me suelto de tu mano. Mi corazón sufre una ansiedad anunciada cada amanecer, duro golpe de realidad. Quiero volver a mi sueño, para volver a agarrarte de nuevo, pero el alba siempre me lo impide. Odio el día porque me alejaba de tu lado. Amo a la noche y rezo a la Luna para que te mantenga a mi lado.

Así son mis noches todos los días.



Autora: Olga González Sobrín