viernes, 24 de julio de 2020

Noticia

Os comunico que pronto estarán los relatos reunidos en un libro, que será publicado próximamente.
Tendréis todas las historias reunidas en papel. Podréis recorrer sus letras, sintiendo la emoción de las palabras. Viviréis emociones que os pueden recordar algún momento de vuestra vida. Narradas de una forma sencilla pero con amor en todas ellas. Soledad, traición, amor, esperanza.
Os mantendré informados.
Un saludo.
Olga González Sobrín



martes, 30 de junio de 2020

El mismo sueño

Todas las noches tengo el mismo sueño, me transformo, me crecen dos hermosas alas. Y me miro en el espejo y sonrío.
Salgo a la calle y despliego mis alas y emprendo el vuelo hacia ti. Vuelo en la noche, bajo las estrellas. Mi corazón me guía, aunque estés en el fin del mundo, en el lugar más escondido, siempre oigo los latidos de tu corazón.
Y así, llego volando hasta ti, nos abrazamos y te sujeto a mí, unidos sobrevolamos las nubes, mientras nos amamos bajo las estrellas, sujetos por fuerzas invisibles.
Nuestros cuerpos unidos, cubiertos por mis alas, amándonos, besos, caricias, lágrimas de gozo, hasta llegar al éxtasis.
Descendemos abrazados y nos acostamos en tu lecho, mi cabeza sobre tu pecho, felices durmiendo juntos.
Por la mañana me despierto sola en mi habitación y mis alas han desaparecido.
Miro el reloj y deseo con toda mi fuerza que llegue la hora de mi sueño, para volver contigo. SIEMPRE CONTIGO.


Autora: Olga González Sobrín

lunes, 29 de junio de 2020

La leyenda

Cuenta una leyenda que hace mucho tiempo existió un matrimonio muy enamorado. Ambos habían tenido sus vidas, con sus más y menos. Antes habían tenido otras parejas y sus momentos felices, con llegada de hijos, pero la mala fortuna, la desdicha, el desamor hizo que nuestros protagonistas tomarán diferentes rumbos.
Él convertido en un lobo solitario, siguió centrado en su trabajo, aunque su corazón se sentía incompleto.
Ella luchaba día a día, trayendo el pan a casa, cuidando de sus retoños pero su soledad hacía que su corazón se entristeciera. No era afortunada en el amor, y con la fuerza de una loba seguía adelante pese a todo.
En las noches ambos aullaban a la Luna sus temores, sus necesidades, contándole su eterna lucha.
La luna viéndolos a ambos y profundizando en sus corazones, comprobó que ambos estaban destinados, se llevaban buscando mucho tiempo y estaban a punto de echar la toalla.
La Luna profundizó en sus corazones, comprobó que ambos estaban destinados a unirse. La Luna con su magia tiro del hilo rojo que los unía hasta que el destino los puso en frente. Ambos se miraron, sus corazones latieron en una misma melodía, y al tocarse sintieron que se conocían de toda la vida.
Desde aquel momento, la pareja se profesó incondicional amor, con tanta ternura y complicidad que sin palabras se entendían. Cada día era una aventura, una alegría tras otra, se amaban con locura, decidieron vivir solos sin riquezas, pues la mayor de ellas ya la tenían.
Pasaron los años y, siempre bajo la atenta mirada de la Luna, fueron envejeciendo manteniendo intacto su amor.
Y llegó el momento del dolor. Él se fue y ella lloraba, todos los días iba a su tumba, y enterraba sus manos en la tierra. Y un día, con sus manos enterradas allí, su corazón se paró.
La Luna no pudo con esa visión, llorando sobre ellos, provocó que la tierra se removiera. Brotaron raíces que cubrieron el cuerpo de ella.  Empezó a crecer un árbol: era él y en sus ramas la cogió a ella, formando un solo tronco.
Y así fue, como la Luna hizo que los amantes estuvieran juntos de nuevo para toda la eternidad.
Nadie sabe el lugar, pero ellos siguen allí, con su amor incondicional hasta el fin de los tiempos y siempre bajo la atenta mirada de la Luna.



Autora: Olga González Sobrín

viernes, 26 de junio de 2020

La maniquí del escaparate

Todas las noches el hombre se detenía frente al mismo escaparate, se había enamorado de una maniquí. Le contaba como había transcurrido el día, los lugares que había visitado, que restaurante estaba de moda o quién había sido detenido. Ella lo escuchaba detenidamente.
Todas las noches ellos tenían su cita, no fallaba, siempre a la misma hora. Empezaba con un "Buenas noches mi Dama. ¡Qué bella está usted hoy!" y seguía contándole lo mucho que la extrañaba, que no podía olvidar su sonrisa y su mirada, las cuales lo acompañaban durante el día.
Todas las noches se le declaraba y planeaba una vida, como sería despertar juntos, el desayunar por la mañana, el beso en su salida hacia el trabajo. Hablaba y soñaba delante de aquel cristal que los separaba pero no evitaba el amor que sentía por ella.
Todas las noches puntual a la cita, admiraba su belleza, su bella figura, su saber estar y la promesa de que el día que estarían juntos estaba cerca, tanto, que ya respiraba su perfume, que ya sentía su cálida piel con el roce de su mano.
Y una noche, él ya no se presentó frente al escaparate, su hueco quedó vacío. Ya no se oían sus palabras, ni sus suspiros por ella. Pero al otro lado del escaparate el maniquí tampoco estaba.
Por fin, fiel a su promesa, ambos huyeron hacia la felicidad prometida, no miraron atrás. Juntos desaparecieron por las oscuras calles de la ciudad, persiguiendo su sueño.



Autora: Olga González Sobrín

miércoles, 24 de junio de 2020

Esperando mi llegada


En nuestra habitación esperabas mi llegada. Para mi sorpresa te encontré desnudo en la cama. Sonreíste al ver la expresión de mi cara. Me acerqué a ti sin temor. Me sentí morir y me estremecí ante tu cuerpo musculado.
Creí desvanecerme cuando te aproximaste a mí. Me cogiste por la barbilla y besaste mis labios, primero delicadamente y después con deseo. Tus manos recorrían mi cuerpo deslizándose  entre mis prendas, tus labios tatuaron besos de fuego sobre mi piel.
La habitación se volvió un volcán. Era tal intensidad de calor que emanaba de nuestros apasionados cuerpos que nuestras almas ardieron, fundiéndose en la noche.
Al amanecer, exhaustos, nos abandonamos en brazos del sueño y entramos en nuestro paraíso.



Autora: Olga González Sobrín

martes, 23 de junio de 2020

Somos uno

Somos dos en uno, porque mi piel se une a la tuya. Respiro el aire que tú respiras, mi corazón acompaña a tus latidos y mis pasos te siguen.
Me uno a ti bailando una hermosa danza. Mi cuerpo se pega al tuyo. Va y viene contigo, suspirando, temblando, pleno de emociones.
Siento un ahogo cuando pienso en tu lejanía. Voces que intentan separarnos, llenos de celos y envidias. Odios infundados pero bailo, sí, me muevo con nuestra canción, atrayéndote hacia mí.
Uso la magia del amor, ésa que existe entre los dos, la que nos hace bailar y mecernos mutuamente, que nos envuelve en ternura y cubrimos de besos.
El hechizo que nos tiene unidos manteniendo una atmósfera de paz ajena al exterior. 
Sólo te veo a ti, sólo siento por ti. Río, lloro, sueño, danzo, amo y todo por ti.
Abrazado a ti, tu calor me recorre excitado para abandonarme en tus brazos y sentir tu amor una y otra vez. Y en el éxtasis del momento sólo sé gritar: “Te amo”.


Autora: Olga González Sobrín

lunes, 22 de junio de 2020

Cuando no estás


Camino por la calle, cruzándome con la gente y es a ti a quién veo, tu imagen me sigue allá donde vaya.
Cuando regreso a casa, deposito todo lo que he traído, respiro profundamente y me pongo con mis tareas cotidianas, pero sigo notando tu falta.
Recorro el mueble del salón mirando las fotografías donde aparecemos los dos abrazados y sonriendo. Ver tu imagen me hace feliz, aunque reconozco que alguna lágrima se me escapa.
Llegada la noche, me pongo un pijama tuyo y me meto entre las sábanas con tu foto a mi lado. Sueño con tu regreso, sueño que estamos juntos en casa con nuestras risas y juegos. Cuando despierto veo que no estás, pero me levanto y tacho otro día en el calendario. Sonrío, ya queda menos para tu vuelta, mi amor.


Autora: Olga González Sobrín

domingo, 21 de junio de 2020

La chica de ayer

Han pasado los años, muchos la verdad. Mi piel está llena de arrugas, mi pelo encanecido, mis articulaciones desgastadas, mi corazón ya me ha dado algún sustillo. Me dicen que estoy mayor, me río, ¿mayor?
Voy contracorriente, me encanta vestir juvenil, me gusta enjoyarme. ¡Oh, sí! Mis collares, anillos, pendientes, tengo un gran joyero donde me pierdo en las mañanas antes de salir. 
Siempre me gusta ir perfecta, pero perfecta para mí, yo marco mi estilo, soy y seré coqueta hasta la muerte. 
Os haré una confesión, tengo 84 años, pero cuando me miro en el espejo sólo veo el reflejo de una joven de 24 que hay dentro de mí, una chica divertida, soñadora, a la que le gusta vivir, que va a bailes de salón, pasea por el parque y cuando se cruza con un caballero, baja la mirada y sonríe coqueta.
Por eso me río cuando me dicen que soy mayor. Sí, lo soy en años pero yo sigo siendo aquella dulce chica, coqueta y soñadora de ayer.
Uno no es viejo por la edad, sino por cómo se siente en su interior, y yo sigo siendo la chica de ayer.


Autora: Olga González Sobrín

sábado, 20 de junio de 2020

Vida de alcohol

Rezo todos los días para que llegue mi final, ya no aguanto con el dolor. Tengo el alma desgarrada. No tengo hogar aunque un día lo tuve, pues, recuerdo mi infancia correteando por la casa detrás de mis hermanos. ¡Qué tiempo tan feliz!
Recuerdo mi adolescencia, mis amigos, mis primeros amores... Sí, tuve mi propio hogar, mi familia y hoy me encuentro aquí, tirado en un rincón.
Duelen en mi alma todos los errores que he cometido, el daño que hice. Y aunque el arrepentimiento viene conmigo, perdí toda opción a ser perdonado. 
Lo he intentado pero me he encontrado con todas las puertas cerradas. Desde lejos he seguido su felicidad, veo que mis hijos se han hecho adultos, que tengo nietos. Y yo lloro en mi interior por haberlos perdido.
Pensar en ello me desgarra el alma, mas no lo puedo evitar. ¡Maldito el día que tomé la primera copa! Sí, mi perdición ha sido la bebida. Todo comenzó con un vaso a media mañana, otro día antes de comer, al siguiente por la tarde, y así sucesivamente, hasta que los vasos se incrementaron para pasar a botellas.
Llegó el día que cometí tales desastres en el trabajo que me pusieron en la calle sin miramientos. Llegaba borracho a casa y me encendía de tanta ira cuando me contradecían. Un día se me escapó la mano y la abofeteé, me quedé sin habla, no me reconocía, ella salió huyendo a la habitación, mientras lloraba. Me acerqué a la puerta y le pedí perdón. Al día siguiente, al verle su ojo morado, me moría de remordimientos y me refugié en la botella.
Aquella no fue la primera, siguieron más palizas, hasta que un día ella llamó a la policía y me echó de casa y de su vida.
Seguí mi camino, mendigando para beber. Borracho me llamaban. Yo me reía pero por dentro lloraba.
Han transcurrido los años y he visto la felicidad de mi familia de lejos, son felices sin mí. Siento tanto dolor que no quiero seguir viviendo, mi vicio me convirtió en un ser aborrecible, y ahora estoy donde me merezco estar.
Quise pedirles perdón muchas veces, pero era invisible para ellos y lo entiendo, les hice mucho daño.
¡Dios mío, cómo quisiera una segunda oportunidad!
Me imagino cómo sería mi vida si no me hubiera dado a la bebida. Tendría un trabajo en que habría ascendido, una mujer hermosa y amorosa, unos hijos admirables y nietos jugando en mi entorno. Un hogar tan cálido, tan lleno de paz y armonía, un refugio de amor.
Lloro e imploro para que llegue mi final,pero para castigo sigo aquí tirado, provocando repulsión a todo el que me ve. Los niños me señalan con el dedo, los jóvenes me escupen y me pegan. No acaba mi sufrimiento. Mi vida es un infierno, mi alma destrozada vaga por las calles y ni la muerte me mira.


Autora: Olga González Sobrín

viernes, 19 de junio de 2020

Lobo

¿Por qué me atacas? ¿Qué os hemos hecho?
Vivimos en las montañas desde milenios y ahora llegáis vosotros aquí para echarnos.
¿Qué os ocurre? ¿No os llegan vuestros reinos?.
Hemos vivido en paz, cazando y corriendo en libertad toda nuestra vida.
Os observamos y lo que vemos es triste: guerras, asesinatos. No respetáis a vuestras familias.
Nosotros vivimos libres, tenemos nuestros territorios, cazamos en grupo y nos respetamos, los ancianos son importantes, cuidamos de la familia, nuestros hijos y nuestro clan. Amamos la naturaleza, no matamos por matar, cazamos por sobrevivir.
Nos invadís y nos arrebatáis territorios, destruís la naturaleza, dais caza a nuestras presas, construìs casas y robáis nuestro espacio.
Tenemos que adentrarnos más en la montaña, escasean los alimentos y nos obligáis a atacar a vuestro ganado. No tenía por qué ser así, si respetarais nuestros territorios. La familia tiene hambre y tenemos que buscar alimento.
¿Qué diferencia hay entre ambos? Nosotros somos animales y vosotros humanos. Pero por muy agresivos o feroces que nos consideréis, sólo tenéis que miraros vosotros y preguntaros quién es más salvaje.
Y aquí estamos, enseñando los dientes en defensa, protegiendo a nuestra familia de un cruel asesinato. Moriremos por ellos.
Ésta es nuestra casa, lejos de vuestra civilización y, aún así, venís a cazarnos.
¿Quién es aquí la bestia?


Autora: Olga González Sobrín